Misa de Angelis VIII

El tiempo de Pascua representa el momento culminante del año litúrgico: la celebración de la Resurrección de Cristo.

En este contexto, la música no es un elemento secundario, sino un vehículo esencial para expresar la alegría, la victoria y la esperanza propias de este tiempo.

En esta recopilación presentamos algunos de los cantos habituales de la Pascua, entre ellos la Misa de Angelis VIII en canto gregoriano y el tradicional himno O filii et filiae, ampliamente utilizado durante la Octava de Pascua. Estos cantos, profundamente arraigados en la tradición de la Iglesia, ayudan a construir una celebración más solemne, participativa y coherente con el significado litúrgico.


Misa de Angelis VIII en tiempo de Pascua

La Misa de Angelis VIII es especialmente adecuada para el tiempo pascual por su carácter solemne y a la vez accesible. Sus melodías permiten que tanto el coro como la asamblea participen activamente, reforzando el sentido comunitario de la celebración.

Durante la Pascua, estos cantos adquieren un matiz particular: no solo acompañan la liturgia, sino que expresan la alegría de la Resurrección.


Kyrie VIII

Señor, ten piedad. x2
Cristo, ten piedad. x2
Señor, ten piedad. x2

✝︎ En la notación del canto, las letras «ij» indican una repetición de lo que acaba de ser cantado. Estas letras significan «iterum jubilus» que quiere decir «otra vez, la melodia». Por supuesto, que «iij» significa que se debe repetir dos veces,


Sanctus VIII

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los Ejércitos. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

Agnus Dei VIII

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, danos la paz.

Gloria VIII

Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Te alabamos. Te bendecimos. Te adoramos. Te glorificamos. Te damos gracias por tu inmensa gloria. Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre. Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestras súplicas. Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros. Porque sólo tú eres Santo. Sólo tú, Señor. Sólo tú, Altísimo, Jesucristo. Con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre.

Dentro del repertorio pascual, el himno O filii et filiae ocupa un lugar destacado.

De origen medieval, este canto se caracteriza por su tono alegre y su estructura repetitiva, lo que facilita tanto su aprendizaje como su ejecución en comunidad.

Su uso es especialmente apropiado en:

  • La Octava de Pascua
  • Procesiones litúrgicas
  • Momentos de comunión o alabanza

Integrar O filii et filiae junto con la Misa de Angelis VIII permite reforzar el carácter festivo de la celebración, combinando la solemnidad del gregoriano con un himno que transmite de forma directa la alegría de la Resurrección.

O filii et filiae

Aleluya, aleluya, aleluya. ℟. Aleluya.

  1. Oh, hijos e hijas:
    el Rey Celestial, el Rey de la Gloria,
    resucitó de entre los muertos,
    aleluya. ℟. Aleluya.
  2. Al amanecer del sábado,
    a la puerta del sepulcro
    llegaron los discípulos,
    aleluya. ℟. Aleluya.
  3. Junto con María Magdalena,
    la de Santiago y Salomé,
    vinieron a ungir el cuerpo,
    aleluya. ℟. Aleluya.
  4. Un ángel con vestimentas blancas
    les anunció a las mujeres:
    El Señor está en Galilea,
    aleluya. ℟. Aleluya.
  5. Y Juan el apóstol
    corrió más aprisa que Pedro
    y llegó primero al monumento,
    aleluya. ℟. Aleluya.
  6. Cuando estaban reunidos los discípulos,
    se presentó Cristo en medio de ellos
    y les dijo: La paz esté con vosotros,
    aleluya. ℟. Aleluya.
  7. Y escuchando Dídimo
    que Jesús había resucitado,
    seguía teniendo dudas,
    aleluya. ℟. Aleluya.
  8. Mira, Tomás, mira mi costado,
    mira mis pies, mira mis manos,
    no seas incrédulo,
    aleluya. ℟. Aleluya.
  9. Cuando Tomás vio el costado,
    los pies y las manos de Cristo,
    dijo: Tú eres mi Dios,
    aleluya. ℟. Aleluya.
  10. Bendito el que, sin ver,
    cree firmemente,
    pues tendrá la vida eterna,
    aleluya. ℟. Aleluya.
  11. En esta fiesta santísima
    haya alabanza y júbilo,
    bendigamos al Señor,
    aleluya. ℟. Aleluya.
  12. Por todo esto,
    con humilde devoción,
    demos gracias a Dios,
    aleluya. ℟. Aleluya.

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