Cantos Gregorianos Famosos: los más conocidos de la historia

Los cantos gregorianos más famosos de la historia

Hay melodías del canto gregoriano que han atravesado doce siglos y siguen vivas. Se cantan en monasterios de clausura, en catedrales, en parroquias de barrio y en grabaciones que escuchan millones de personas en todo el mundo.

Estos son algunos de los cantos gregorianos más conocidos y queridos de la tradición de la Iglesia.

Pange Lingua

Uno de los himnos más reconocibles del repertorio gregoriano. Fue escrito por Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII para la fiesta del Corpus Christi, y su melodía en Modo III tiene una solemnidad que pocas músicas igualan.

Sus últimas dos estrofas — el Tantum Ergo — se cantan en la Bendición Eucarística y son probablemente el fragmento litúrgico en latín más escuchado en el mundo católico.

Se entona en la liturgia del Jueves y Viernes Santos durante el traslado del Santísimo al repositorio.

Kyrie de la Misa de los Ángeles (Missa de Angelis)

La Missa de Angelis es la Misa gregoriana más conocida y difundida en todo el mundo. Su Kyrie, en Modo V, tiene una melodía luminosa y accesible que ha hecho de esta misa el punto de entrada de millones de personas al gregoriano.

Es el repertorio que se recomienda a cualquier coro parroquial que quiere introducir el canto gregoriano en la liturgia ordinaria.

Veni Creator Spiritus

El himno al Espíritu Santo por excelencia. Se canta en Pentecostés, en las ordenaciones sacerdotales, en los sínodos y en cualquier ocasión solemne en que la Iglesia invoca al Espíritu.

Su melodía en Modo VIII es equilibrada y noble. La letra, atribuida al siglo IX, es una de las oraciones más antiguas al Espíritu Santo que ha sobrevivido completa.

Salve Regina

La antífona mariana más conocida del mundo católico. Concluye la Liturgia de las Horas durante el tiempo ordinario. Es una de las pocas piezas del gregoriano que muchas personas reconocen sin saber que es gregoriano — la han oído en películas, series y documentales incontables veces.

Hay varias versiones: la solemne (para fiestas) y la simple (para tiempo ordinario). La versión solemne, con sus grandes melismas, es una de las obras más hermosas de todo el repertorio.

Te Deum

El gran himno de acción de gracias de la Iglesia. Se canta al final del Oficio de Maitines en las grandes fiestas, en las ordenaciones, en los aniversarios, en las victorias y en las elecciones papales.

Su estructura es inusual en el gregoriano: combina secciones de estilo salmódico con otras de carácter más lírico. Es una pieza larga, poderosa y de una solemnidad inigualable.

Stabat Mater

La secuencia medieval que medita el dolor de la Virgen al pie de la Cruz. Su texto, atribuido a Jacopone da Todi (s. XIII), tiene una intensidad poética que pocas obras litúrgicas igualan.

La versión gregoriana es austera y concentrada — muy diferente a las versiones polifónicas o sinfónicas que compusieron Pergolesi, Vivaldi o Dvorák. Precisamente esa austeridad le da una fuerza particular que la música más elaborada a veces pierde.

Se canta el Viernes Santo y en las misas de Nuestra Señora de los Dolores (15 de septiembre).

Ave Maris Stella

Himno mariano de las Vísperas. Una de las melodías gregorianas más antiguas —se documenta desde el siglo IX— y también una de las más amadas. Su Modo I le da una profundidad serena que encaja perfectamente con el carácter contemplativo de la oración vespertina.

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Todos estos cantos forman parte del repertorio de la Schola Cantorum La Soledad. En nuestros programas de formación los aprendés con su contexto litúrgico, su notación original y su interpretación según la tradición de Solesmes.

Ver el repertorio completo de la ScholaAprender canto gregoriano

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