¿Por qué se canta en latín? (y por qué eso no te deja afuera)

Un peregrino entra a una iglesia en un país cuyo idioma no habla. La homilía se le escapa entera. Pero cuando el coro entona el Kyrie, el Sanctus, el Agnus Dei, algo reconoce: ha cantado eso mismo, con esa misma melodía, en su parroquia, al otro lado del mundo. Esa es una de las razones por las que la Iglesia conserva el latín en su canto.

El latín no «separa»: une

San Pío X lo llamó universalidad: la música sacra debe ser reconocible como sagrada por un fiel de cualquier nación. Una melodía gregoriana en latín funciona igual en San José, en Manila o en Colonia. El latín, precisamente por no ser la lengua materna de casi nadie hoy, es de todos y de nadie: una lengua común que no privilegia a un pueblo sobre otro.

¿Qué dice el Concilio Vaticano II?

Se suele creer que el Concilio «abolió el latín». No es así. La constitución Sacrosanctum Concilium (1963) dice dos cosas a la vez:

  • (n. 36) «consérvese el uso de la lengua latina en los ritos latinos», y a la vez se concede un lugar más amplio a la lengua vernácula;
  • (n. 54) que los fieles «sepan recitar o cantar juntos, también en latín, las partes del Ordinario de la Misa que les corresponden» — Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei.

Es decir: el Concilio abrió la puerta a las lenguas de cada pueblo para muchas partes de la Misa y, al mismo tiempo, pidió no perder el latín, sobre todo en el canto y en el Ordinario.

El latín y el gregoriano nacieron juntos

El repertorio gregoriano se formó, entre los siglos VIII y X, sobre textos latinos: los salmos, las antífonas, los himnos. La melodía está tallada sobre la prosodia del latín — sus acentos, la longitud de sus sílabas —. Traducir el texto y conservar la melodía original rara vez funciona: la música deja de encajar con las palabras. Por eso el gregoriano propiamente dicho se canta en latín; para la lengua vernácula, la Iglesia ha desarrollado otras formas, como el salmo responsorial y los himnos.

¿Hace falta saber latín para cantarlo?

No. Se aprende la pronunciación — que es regular: se lee casi como se escribe, con unas pocas reglas (c y g ante e/i, gn, sc) —, se entiende el sentido de cada pieza con una traducción al lado, y se canta. Miles de cantores en scholas de todo el mundo no son latinistas: conocen sus textos, saben qué dicen y los rezan cantando. En la Schola, cada pieza se trabaja siempre con el latín y su traducción.

Preguntas frecuentes

¿Está permitido cantar la Misa en español?

Sí. El Concilio Vaticano II lo permite para gran parte de la Misa. El latín se conserva especialmente en el canto gregoriano y en las partes del Ordinario.

¿Por qué el Kyrie está en griego y no en latín?

Es un resto de la liturgia más antigua de Roma, que en sus primeros siglos se celebró en griego. Se conservó como una reliquia venerable de aquella época.

¿El latín de la Iglesia se pronuncia como el latín clásico?

No. La Iglesia usa la pronunciación «romana» o eclesiástica — la c ante e/i suena «ch», la v suena «v» —, distinta de la reconstrucción moderna del latín clásico.

Para terminar

El latín de la liturgia no es un muro: es una lengua franca que une a la Iglesia en el tiempo y en el espacio. Si querés entender el marco completo, lo explicamos en ¿Qué es el canto gregoriano?. La Schola Cantorum La Soledad canta este repertorio al servicio de la liturgia en San José; escribinos para que te avisemos cuando se abran las próximas inscripciones a la formación.